El siguiente informe realiza un análisis sobre la evolución de nuestra Hermandad conforme al número de hermanos que la han nutrido desde su refundación en 1655 hasta el presente año, teniendo en cuenta que se conoce muy poco de las hermandades de penitencia durante el siglo XVII en La Roda de Andalucía, al haberse perdido la mayoría de los libros de estas asociaciones. Los orígenes de la Hermandad de Jesús Nazareno se remontan al siglo XVI como cofradía de “sangre”, denominada entonces como Hermandad del Dulce Nombre de Jesús, y que en los años centrales del siglo XVII llega a experimentar una de sus etapas más decadentes, precedida por la crisis de mortalidad que afectó a toda la Andalucía del Guadalquivir, y que la llevó prácticamente a su desaparición en el año 1654. Un año más tarde es reorganizada, como así se hace constar en el libro de actas de 1655:

«[…] siendo costumbre antigua en este lugar de La Roda […] de hacerse una procesión en que salía el paso e Imagen de Jesús Nazareno, y muchos hombres y muchachos con sus túnicas blancas y moradas y cruces […]. Pero llegó al punto, de que la tarde del Jueves Santo del año 1654, se hallaron tan pocos hombres y muchachos con túnicas y cruces en la Iglesia de este lugar, que estuvo muy a punto y en litigio de no salir y hacerse dicha procesión, sin embargo salió y anduvo a instancias y ruegos de algunos buenos cristianos fervorosos de este lugar, y porque no se perdiese tan santa obra y procesión, se juntaron muchos vecinos de este lugar, entre ellos el alcalde ordinario de este lugar y el regidor, haciendo entre todos un número de treinta y dos vecinos y hermanos de la Hermandad del Dulcísimo Nombre de Jesús, que se sirve en la Iglesia de la Señora Santa Ana de este lugar, en catorce días del mes de Marzo del año 1655 […].»

Desde su refundación esta Hermandad ha convivido en primera persona con un sin fin de acontecimientos históricos y sociales donde ha visto, en algunos casos, mermando el número de hermanos, y en otros más fructíferos el aumento de los mismos. Como sucesos negativos hay que añadir la crisis de mediados del siglo XVII y la de los años ochenta, donde una serie de malas cosechas consecutivas aumentó la pobreza, el hambre y la mortalidad de los habitantes;  experiencias bastante traumáticas que continuaron con la invasión francesa y la Guerra de la Independencia (1808-1814) en los que la Hermandad pierde todos sus enseres de culto, al igual que en la Desamortización de Mendizábal (1836), o en la Guerra Civil (1936), conflicto este último que puso fin a la II República (1931-1936).

Los lamentables sucesos ocurridos en los años treinta del siglo pasado son narrados en los documentos históricos de nuestros archivos de forma detallada: «con el advenimiento de la República, llegan las persecuciones religiosas y la Hermandad restringe sus cultos y hay años sin procesión». Algunos momentos de esplendor están localizados a finales del siglo XVII cuando las hermandades de penitencia experimentan un importante auge, y en la segunda mitad del siglo XX: «En 1940, pacificada nuestra Patria, se reorganiza una vez más nuestra Hermandad, y Ésta vuelve a hacer Estación de Penitencia […], se decide en Cabildo General, la adquisición de una nueva imagen de la Virgen […] y el paso; […] se hizo el contrato de compra del manto; […] de la corona; y el diecisiete de Febrero de 1950 se contrató la realización de los varales».

En el momento de su refundación, esta Hermandad y Cofradía, tuvo treinta y tres miembros –treinta y dos hermanos más el párroco–, un número bastante concreto de la vida de Jesucristo; continuando en sus primeros años con un número fijo y simbólico de miembros, algo muy usual en las hermandades en aquel momento histórico concreto, exceptuando de esta regla a los señores marqueses de Estepa, que tenían el privilegio de formar parte de la Hermandad y además, siempre en ella en calidad de «hermanos supernumerarios», dada la vinculación eclesiástica tan fuerte de los Centuriones en todo su Señorío, y más teniendo en cuenta que desde la adquisición del marquesado eran «los patronos universales» de sus iglesias. Posiblemente, estas organizaciones estaban formadas en un principio por un grupo de personas que pertenecían a la élite del pueblo, pero con el paso del tiempo terminaron popularizándose, y por tanto, extendiéndose a la mayor parte de la población, dejando de ser fijo el número de hermanos a partir de este momento.

Los orígenes de la Hermandad de Jesús Nazareno se remontan al siglo XVI como cofradía de “sangre”, denominada entonces como Hermandad del Dulce Nombre de Jesús”

Como curiosidad hay que señalar la admisión como hermano a don Diego García de Fresneña en 1655, escribano de La Roda de Andalucía, encargado de escribir «todo lo que se ofreciere en los Cabildos y demás autos y cosas tocantes a la dicha Hermandad,

mientras viviese y pudiese, sin por ello llevar derechos algunos».

Un año después de su refundación –1656–, la Junta de Gobierno decide aumentar en trece nuevos hermanos el número de miembros, pero sólo para su procesión, que irían desfilando con sus cruces y representarían a Jesús y a sus doce discípulos. Desde este momento el desfile procesional de la Hermandad lo realizaban hermanos de “cruces” y de “luces”: «[…] acordaron y ordenaron se admitan en la dicha hermandad otros trece hermanos a instancia y remembranza del Apostolado de Nuestro Señor Jesucristo».

Un año más tarde, en 1957, entraron a formar parte de la hermandad siete clérigos; siendo progresivo el número de hermanos de nuevo ingreso por diferentes motivos. Al parecer el hecho de que la Junta de Gobierno necesitara adquirir algunos enseres para sus veneradas imágenes, o cubrir los gastos para sus procesiones, fueron motivos decisivos para que el 31 de marzo de 1698, se aprobara en un Cabildo el aumento de hermanos con doce nuevos cofrades, que con su cuota de ingreso satisficieran las necesidades económicas de la Corporación: «tiene necesidad de una cruz nueva […] por estar maltratada y no servir la que de presente tiene. […] determinaron se hiciese de ébano guarnecido con filigranas de plata y porque el caudal de la hermandad es corto para hacerla determinaron en la hermandad doce hermanos para que con la limosna de sus entradas pagasen la dicha prenda». Aunque durante los siglos XVII y XVIII la entrada de nuevos hermanos fuese restringida, y no se conozca el momento que dejó de serla, hay documentación de algunos Cabildos donde se hace referencia al número de hermanos que existen en estos momentos. Así, en el Cabildo celebrado el 24 de abril de 1718, el número de hermanos casi se había triplicado, pues se informaba que en este año: «[…] la hermandad se compone de 89 hermanos[…]».

Ya en el siglo XIX la popularización de estas asociaciones es cada vez más evidente, y el número de hermanos sigue aumentando, experimentando una etapa dorada con la eclosión de la Religiosidad Popular tan apoyada por el régimen del General Francisco Franco Baamonte, y las posteriores décadas de estabilidad política y económica del país durante el reinado de S.M. Juan Carlos de Borbón. Esta Hermandad y Cofradía mantiene en los últimos años el número de miembros más elevado de su historia rozando los 950 hermanos, hombres y mujeres con igualdad de derechos y obligaciones, adquiridos con el juramento de las reglas corporativas desde el momento de su ingreso.

La incorporación de hermanos analizada por siglos arroja unos datos más evidentes del aumento de los mismos, iniciándose en el siglo XVII con un número muy reducido que va elevándose progresivamente. Durante el XVIII de manera más lenta rozando el centenar; en el XIX se triplica la cifra, dando el gran impulso en el XX consolidándose con ritmo ascendente en la primera década del siglo XXI.